Pausa de otoño
- mirna borrego
- hace 3 días
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Actualizado: hace 3 días
“Los regalos de la tierra nos sostienen de estación en estación; nuestro deber es dejarnos transformar por ellos.”— Robin Wall Kimmerer

Nos pasa que sentimos la necesidad de detenernos, pero no sabemos cómo hacerlo. Vivimos rodeadas de ruido, pendientes, pantallas, y aun cuando llegamos a la naturaleza, la mente tarda en alcanzarnos. Ahí, en ese desfase entre el cuerpo que llega y la mente que sigue corriendo, es donde comienzan muchas de las heridas del cansancio contemporáneo.
El 30 de noviembre, nos encontramos para Pausa en Otoño, una experiencia de terapia de naturaleza en Rancho Encino Solo. No fue un taller ni un retiro con expectativas. Fue un espacio sencillo para llegar tal como estábamos, necesitando bajar el ritmo acelerado y permitirnos coexistir con el bosque.

“Necesitaba alimento para el alma. Esta experiencia fue justo eso: acallar el ruido y dejarme ir.”— Alejandrina
Con el tiempo he observado algo que se repite: no es que la naturaleza no nos hable, es que muchas veces llegamos demasiado saturadas y saturados para escucharla. Llenos de cansancio, de pensamientos que no descansan, de exigencias que se acumulan en el cuerpo. La pausa, entonces, no es un lujo: es una necesidad fisiológica, emocional y espiritual.
“Tomar un respiro del caos cotidiano en la tranquilidad del bosque fue invaluable.”— Isaac
Durante Pausa en Otoño caminamos lento entre encinos, respiramos aire fresco, escribimos sin corregir, escuchamos las hojas secas bajo los pies. No hicimos nada extraordinario. Y quizá por eso, algo empezó a acomodarse.
Cuando empecé a explorar las terapias de naturaleza, me sentía frustrada porque sentía que no tenía la capacidad de desconectarme de mis preocupaciones, del ruido urbano que hace eco en la mente y de mi vida digital.

Con el vivir de más experiencias en el bosque, el mar, las dunas y los parques descubrí que la respiración me ancla al presente y no volví a soltarme de ahí para entrar en un estado verdaderamente sanador: la presencia plena.
Hoy sé que no se trata de “desconectarse”, sino de volver al cuerpo, paso a paso.
En esta experiencia, iniciamos con una práctica guiada para despertar los sentidos. No hubo promesas ni grandes revelaciones. Hubo cuerpos que soltaron los hombros, silencios que dejaron de incomodar, entrega total al calor del sol y al tacto de nuestras manos sobre la tierra. Así opera la medicina lenta del paisaje.

“Pude callar un poco mi cerebro, respirar y bajar mi ritmo cardíaco.”— Aurora
En uno de los ejercicios de ser y estar —sí, tan solo eso, ser y estar presente— encontré un encino grande que me invitaba a descansar la pesada bolsa de mimbre que llevaba rato cargando. El sol entraba justo por la arbolada y, cuando descansé mi cuerpo sobre el gran sabio, pedí permiso. Abrí los ojos y un rayo de sol me mostraba la pequeña ala de una libélula atrapada en una telaraña de una astuta ingeniera de la naturaleza.Ahí, el paisaje susurró: Mirna, la vida solo sucede en el momento presente.

Pausa en Otoño nos permitió explorar el bosque, conectar con la energía desbordante que trae consigo el agua después de la lluvia, hongos interactuando por doquier y bellotas de encino costero creciendo para alimentar a los seres del bosque que se preparan para el invierno. Un festín de interconexión, de reciprocidad y de parentesco con nuestros relativos no humanos.

El lugar de la experiencia es, sin duda, un bosque antiguo. Pero son sus habitantes y guardianas quienes nos permitieron vivirla. En este recinto y refugio de vida se ofrecen terapias asistidas por caballos, donde se establece una conexión profunda y sanadora. Walker, Carolina y la pequeña Lisa no solo nos abrieron las puertas de su casa: nos guiaron y sostuvieron una experiencia de bioinmersión que se siente a nivel físico, mental y espiritual.
Las terapias de naturaleza, incluso desde una perspectiva médica, tienen beneficios que no se agotan al terminar la experiencia: continúan acompañando durante mucho tiempo.
“Me voy con el corazón lleno y la mente en paz. Gracias por formar refugio.”— Aura

Diseño estas experiencias con un profundo amor y devoción a la naturaleza, pero sobre todo desde la experiencia propia. Porque han salvado mi vida en gran medida. Y si de algo estoy segura es que el paisaje, el mundo natural, los elementos, las estaciones y el tiempo de la naturaleza son una de las medicinas más poderosas para sanar la herida heredada de nuestra desconexión con ella.
Esta experiencia es para quienes sienten el cansancio profundo, para mentes saturadas, cuerpos exigidos y corazones que intuyen que algo esencial se ha perdido en el ritmo acelerado. Para quienes necesitan pausa, sin explicaciones.

Lo comparto con cariño, si llegó a ti, espero de inspire a conectar. Con amor, Mirna
Pausa de Otoño es una de las experiencias de terapias de naturaleza que facilito desde Hierba del Manso. Cada encuentro es distinto, guiado por la estación, el territorio y las personas que en el habitan. Este texto es una memoria sensible de lo vivido, escrita para quienes intuyen que bajar el ritmo también es una forma de cuidado.

